la alimentacion y las emociones

La alimentación y las emociones

La relación entre alimentación y las emociones

Las emociones junto a la alimentación, aunque la relación entre ellas es muy estrecha en la actualidad, siempre han tenido una presencia en los trastornos alimentarios que han derivado en patologías tales como el sobrepeso, la obesidad o de otros más complejos como la anorexia, etc.
Todos sabemos que la comida nos aporta un placer inmediato, sobretodo en aquellos alimentos ricos en azúcar y también grasa, dado que a nivel de paladar y el sentido del gusto cumplen con las emociones que nos despiertan ciertos platos.
A modo de ejemplo, sabemos que el sabor dulce nos hace sentir placer instantáneo y este placer tiene relación con las experiencias vividas desde la infancia. De hecho existen estudios realizados con recién nacidos en los que se han observado reacciones placenteras con el sabor dulce y de rechazo con los sabores picantes o amargos.
Asimismo, si en la relación con la comida le sumamos nuestro día a día, es decir, el exceso de trabajo, estrés y otros condicionantes como la calidad de nuestro sueño y descanso afectan directamente a los órganos responsables de producir las hormonas. Eso conlleva que se alteren nuestras vías por las que las hormonas actúan y por tanto, pueden generar mayor sensación de hambre y que prolongado en el tiempo conllevara a sufrir obesidad o sobrepeso.

¿Por qué algunos alimentos nos aportan placer?

Pero, ¿por qué algunos alimentos nos aportan placer?  Si bien no todos los alimentos no lo aportan, sí hay algunos en cuestión que los escogemos para calmar nuestro apetito emocional y tienen una explicación científica que explicamos a continuación. El responsable es el triptófano, un aminoácido relacionada con la hormona Serotonina, que nos hace sentir más felices. Este aminoácido los podemos encontrar en varios alimentos, entre ellos, el famoso chocolate.
Por otro lado, existen otros estudios recientes en los que se ha observado que los intestinos tienen terminaciones nerviosas encargadas de comunicarle al cerebro cómo nos encontramos, y que dependiendo de cómo sea nuestra alimentación nos puede hacer sentir mejor o peor a nivel emocional. De hecho se ha comprobado como una dieta equilibrada y saludable nos hace sentir mejor, más animados. En cambio, una dieta desestructurada, rica en azúcares y grasas modifica nuestra flora intestinal y puede informar a nuestro cerebro de manera negativa pudiendo ser más propensos a sufrir depresión.
Nuestra conclusión es que debemos separar las emociones de los alimentos, saber escuchar a nuestro cuerpo y conseguir tener autocontrol. Para conseguirlo es básico tener una relación sana con la comida mediante una buena alimentación saludable y buscar otras actividades como la actividad física que ayude a desconectar esa relación.
Realizado por Álvaro Zabaco.
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