Alimentos prohibidos en la lactancia: mitos y realidades

Resumen

Ningún alimento que coma la madre (ni el ajo ni la coliflor) provoca gases o cólicos al bebé. Es uno de los mitos más extendidos de la lactancia. El pescado con alto mercurio y las algas se evitan por exceso de yodo, mientras que el gasto calórico extra favorece la pérdida gradual del peso ganado en el embarazo. Tu guía para alimentarte sin restricciones, cubrir yodo y DHA, y afrontar con información las dificultades más comunes como la mastitis o las grietas.

La leche materna es el alimento ideal para aportar al bebé los nutrientes necesarios y, en el momento preciso, para un crecimiento y desarrollo saludable. Aun siendo el único alimento que tomarán, les aporta toda la energía, nutrientes, agua, anticuerpos, pre y probióticos, etc. que el bebé requiere para su óptimo crecimiento y desarrollo con salud.

Tiene beneficios tanto para la madre como para el niño. Entre los beneficios de la lactancia materna, el caso de los niños, se refuerza el desarrollo del sistema inmunitario, digestivo y nervioso. En el caso de la madre, se reduce la incidencia de cáncer de útero y de ovario y hay una recuperación más rápida del parto. De hecho, durante las primeras horas post parto se producen los entuertos. Son contracciones del útero, dolorosas pero muy necesarias para favorecer la contracción de la matriz, frenar la hemorragia y evitar infecciones. Con la liberación de oxitocina que se produce al amamantar se favorecen estas contracciones y, por este motivo, es una muy buena forma de favorecer la recuperación y evitar las complicaciones post parto.

Con el amamantamiento, además, se favorece el vínculo afectivo madre-hijo y el correcto desarrollo mandibular, neurológico, visual e intelectual del niño.

Alimentos a evitar

  • Cafeína y teína: no superar 1 taza de café durante el día y siempre tomarlo después de dar el pecho. Puede provocar irritabilidad e insomnio en el bebé.
  • Alcohol: hay que evitar el consumo de alcohol durante la lactancia. Los recién nacidos son muy sensibles al alcohol así que hay que evitarlo. El consumo de alcohol durante el embarazo se asocia a retraso en la subida de la leche o lactogénesis.
  • Fitoterapia: Las plantas medicinales, aunque son naturales no son inofensivas y algunas pueden causar toxicidad al bebé lactante. En el caso de que haya que consumir fármacos o plantas medicinales, es recomendable consultar antes con el Dietista-Nutricionista o con el médico. Siempre ante la duda lo mejor es no tomarlo.
  • Especies de pescado con alto contenido en mercurio: hay que evitarlas en esta etapa. Se trata del pez espada, emperador, atún rojo, tiburón (cazón, marrajo, mielgas, pintarroja y tintorera) y lucio. Prioriza el consumo de pescado azul de pequeño tamaño como caballa, salmón, sardinas o boquerones.
  • Algas: Aunque el yodo es uno de los minerales importantes durante la lactancia, la cantidad de yodo que tienen las algas es excesiva y no se recomienda su consumo.

Mitos de la lactancia

Existen muchos mitos que nada tienen que ver con la realidad y muchas veces confunden. En ocasiones se prohíbe consumir algunos alimentos como: ajo, cebolla, coliflor, brócoli, porque pueden causar gases. Ningún alimento que consuma la madre producirá ni gases ni cólicos al bebé.

En cuanto al sabor de la leche, a medida que el periodo de la lactancia avanza, disminuye el sabor dulce de la lactosa y se vuelve menos dulce.

Los cambios en el sabor de la leche según los alimentos ingeridos por la madre favorecerán que el bebé acepte los nuevos sabores cuando se introduzca la alimentación complementaria.

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Qué dieta seguir

Es fundamental una evaluación nutricional integral de la madre con el fin de indicar un plan de alimentación ajustado a sus necesidades y brindar educación nutricional, ya que existe una relación entre el estado nutritivo de la madre y la composición de la leche materna.

Una ingesta adecuada es necesaria para garantizar que las mujeres afronten la lactancia sin deficiencias. La producción de leche para alimentar al bebé requiere de una notable inversión energética y nutricional para la madre.

El cuerpo de la madre prioriza las necesidades del bebé y va a utilizar las reservas que tiene para mantener toda una serie de nutrientes como el hierro, zinc, ácido fólico, calcio, etc.

La hidratación en la lactancia

Durante la lactancia habrá más sensación de sed, ya que el cuerpo necesita más cantidad de líquido para la producción de leche. Dado que la leche materna contiene un 85-90 % de agua, se recomienda ingerir 2-3 l/día para asegurar la producción láctea, aunque un consumo más elevado no aumentará la secreción láctea.

Además de agua, también podemos aportar líquidos a nuestro organismo, a través del consumo de: frutas, verduras, infusiones, caldos.

Hay que estar atenta a las señales de nuestro organismo (si la orina es de un color intenso o aparece estreñimiento), que nos indican que no se está aportando la cantidad correcta de líquidos y que se está sufriendo deshidratación.

Suplementación en la lactancia

Llevando una alimentación saludable se consigue cubrir al máximo las necesidades nutricionales, si bien hay etapas de la vida, en las que algunos nutrientes puede requerir suplementación.

Por ejemplo, un déficit de yodo durante el embarazo o la lactancia puede afectar al funcionamiento de la tiroides de la madre y del bebé, así como en el desarrollo neuropsicológico del bebé. Por ello se recomienda la suplementación con 200 μg diarios de Iodo, cocinar con sal yodada y comer pescado 3-4 veces por semana.

Los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 de cadena larga, como el ácido docosahexanoico (DHA) es esencial para el desarrollo neurológico y visual del recién nacido y durante la infancia. La mejor fuente de ácidos grasos Omega-3 es el pescado azul, pero si no se puede ingerir lo suficiente se puede suplementar para incrementar los niveles de DHA en la leche materna.

Si la madre sigue una dieta vegetariana o vegana requiere de suplementación de vitamina B12, para no producir leche deficiente en esta vitamina, así como para cubrir sus propios requerimientos.

¿Se necesita hacer una dieta especial?

No se necesita realizar una dieta especial; lo importante es seguir una dieta durante la lactancia equilibrada y variada en la que el aporte calórico esté aumentado en unas 500 Kcal durante los primeros 6 meses y de los 7 a los 12 meses, un incremento de 400 Kcal, que incluya alimentos de todos los grupos, principalmente lácteos, cereales, verduras, frutas, hortalizas, legumbres, huevos, pescado y carne, y limitar el consumo de grasas saturadas y azúcares sencillos.

Es necesario obtener suficiente proteína en la dieta de la madre para mantener los niveles de caseína en la leche materna. Se recomienda un aporte suplementario de 25 g/día.

El contenido de grasa de la leche materna varía con la dieta. La proporción entre ácidos grasos saturados e insaturados sí que puede variar la calidad de la grasa que contiene. La recomendación es seleccionar aquellas grasas saludables, reduciendo el consumo de grasas saturadas y de las denominados grasas trans. Las grasas que se recomienda tomar: aceite de oliva, el pescado azul y los frutos secos, mientras que las grasas que se debería limitar se encuentran en alimentos como la comida rápida, los precocinados o los productos de bollería.

Hay que prestar atención en la dieta al consumo de las vitaminas hidrosolubles y vitaminas A y D. Es importante valorar si su ingesta es adecuada y, de no serlo, valorar cuál es la mejor opción para solucionarlo.

El Calcio es esencial, para satisfacer estas necesidades además de leche, yogur, queso, se recomienda el consumo de pescado con espinas (por ejemplo, sardinas en lata), salmón, brócoli, semillas de sésamo y las coles.

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El apetito de las madres

Es normal que haya más apetito y no hay que ignorar la sensación de hambre. Se recomienda hacer unas 5 comidas diarias y elegir alimentos sanos y nutritivos para saciar el hambre. Entre comidas se puede tomar un lácteo, una pieza de fruta, puñado de frutos secos, fruta seca (ciruelas, orejones, dátiles), etc. Intentado evitar los procesados y dulces. Si nos apetece dulce siempre podemos elaborar algo casero.

Por último no podemos olvidar el incremento de requerimiento hídrico, muy evidente ya que la madre lactante manifiesta sensación de sed de forma recurrente a lo largo del día y, especialmente, en los momentos en los que amamanta. Es muy necesario aportar toda el agua necesaria para esta etapa y así cubrir tanto los requerimientos propios de la madre como los relacionados con la producción de leche. Es muy recomendable llevar siempre encima una botella de agua y tenerla siempre a mano en el momento de dar el pecho.

La calidad y producción de la leche materna, estará asegurada si se sigue una dieta con los requerimientos energéticos necesarios, sólo estará comprometida en el caso de desnutrición severa.

La cantidad de leche producida está relacionada con la demanda por parte del bebé, por lo que no habrá alimentos que mejoren la calidad o la cantidad de leche producida.

¿Es bueno en la lactancia hacer una dieta para adelgazar?

No se recomienda hacer ninguna dieta para perder peso durante la lactancia.

Durante el embarazo ha habido un aumento de la grasa de reserva, destinada a los requerimientos energéticos que supone la producción de leche.

La lactancia requiere un gasto calórico extra por parte de la madre por lo que durante este período se favorece de forma significativa la pérdida del peso ganado durante el embarazo. El peso se suele ir normalizando poco a poco, pero hay ocasiones en que cuesta un poco más, debido al estrés, falta de sueño, dietas poco equilibradas, picoteo o desorden en las comidas.

La pérdida de peso se debe hacer de manera gradual. No se recomienda la pérdida de peso exagerada, porque podría afectar a la producción de leche y, porque provocaría la movilización de compuestos tóxicos acumulados en el tejido adiposo hacia la leche materna.

Es necesario continuar o adquirir unos hábitos alimentarios saludables. Comer de forma natural, sin restricciones ni prohibiciones y con una actitud positiva hacia la comida. Las dietas restrictivas o con prohibiciones son imposibles de mantener en el tiempo y generan insatisfacción. Además de afectar a la producción de leche materna.

¿Cualquier madre puede dar el pecho?

Cualquier madre que ha dado a luz puede producir leche para amamantar a su bebé. Solo hacen falta 3 elementos para ello: disponer de glándula mamaria, niveles adecuados de oxitocina y prolactina y, la succión del bebé.

Los niveles de oxitocina son los adecuados en el momento del parto, ya que es la hormona que lo provoca. Por lo que hay que fomentar la succión del recién nacido lo más pronto posible justo tras su nacimiento. Este es uno de los motivos por los que favorecer la práctica de piel con piel tras el parto es tan recomendable. El bebé es capaz de reptar hasta el pecho de su madre y localizar el pezón, gracias a su olor y al cambio de tamaño y color que se han producido en el embarazo, para agarrarse a él y empezar a succionar.

Existen algunas situaciones en las que dar el pecho no estaría recomendado.

¿Cuándo no es recomendable dar el pecho?

  • Mujeres que sufren enfermedades crónicas o severas como enfermedades del corazón o anemia severa, ya que son situaciones que pondrían en riesgo la salud de la madre.
  • Mujeres que toman fármacos contraindicados, como algunos antiácidos, antidepresivos, diuréticos, algunos antihipertensivos, etc.
  • Mujeres afectadas por VIH y SIDA, ya que puede transmitirse a través de la leche materna.
  • Mujeres que estén afectadas por el virus linfotrópico T humano, capaz de causar leucemia y linfoma, ya que puede transmitirse a través de la leche materna.
  • Mujeres que han sido diagnosticadas de cáncer durante el embarazo y que deberán someterse a tratamiento inmediatamente después del parto.
  • Mujeres que consumen drogas.
  • Bebés que sufren galactosemia, es decir incapacidad para metabolizar la galactosa. Estos lactantes deben ser alimentados con leches artificiales especiales.
  • Infecciones del lactante que puedan transmitirse a la madre, como la infección por estreptococo B.

Dificultades de la lactancia materna

En algunas situaciones pueden presentarse dificultades para las que es muy recomendable contar con el apoyo de un/a experto/a. Estas situaciones son:

  • Hipoplasia mamaria: en estos casos la producción de leche será menor porque existe menos glándula mamaria. Se conoce como hipogalactia (baja producción de leche) primaria y se produce en 1 de cada 1000 casos. Pero no es imposible la lactancia materna. Deberemos plantearnos lactancia mixta: combinarla con suplementos de lactancia adaptada o artificial.
  • Hipogalactia secundaria: esta baja producción de leche es más frecuente que la hipogalactia primaria y son episodios transitorios de disminución de la secreción láctea. Responde a diferentes motivos:
    • Cuando aparece una enfermedad aguda en el curso de otra enfermedad sin que tengan relación entre ellas.
    • Por fatiga o estrés: un episodio traumático (como lo es el punto anterior) o una situación estresante provocarán que nuestro cuerpo destine menos recursos a la producción de leche para poder hacer frente al estrés.
    • Mala técnica que no favorezca un buen agarre, dar suplementos de biberones o establecer horarios rígidos entre tomas así como tiempos limitados de duración de cada toma, ya que todos ellos disminuyen la succión por parte del bebé, elemento clave para la producción de leche. Podemos mejorar estos episodios de menor producción de leche con:
      • Aumento del número de tomas diarias y respetando el tiempo de toma del bebé: debemos fomentar la succión por parte del bebé.
      • Asegurar una alimentación adecuada en calidad y cantidad por parte de la madre, así como una correcta hidratación. Si no iniciamos la lactancia materna de forma precoz, es decir, justo después del nacimiento, es habitual encontrarnos ante una baja producción de leche al inicio.
  • Llenado excesivo de las mamas o plétora: es lo que se conoce como pechos piedra. No debe confundirse con el edema vascular que se produce en las mamas los primeros días de lactancia como consecuencia de la importante vascularización de la zona y, que mantiene las mamas calientes, aumentadas de tamaño y algo endurecidas durante unos 3 días. Si le añadimos que la leche que se vaya produciendo no se drene adecuadamente, aparece una ingurgitación (llenado excesivo) patológica o plétora: pechos piedra. Causa dolor y la areola está muy tensa, algo que dificulta al bebé agarrarse bien. Para evitar que suceda es importante tanto iniciar la lactancia materna justo tras el parto, como favorecer la lactancia a demanda, sin horarios ni tiempos restringidos para las tomas. Para facilitar el agarre del bebé cuando la areola está tensa, resulta eficaz presionar con los dedos alrededor del pezón durante unos 3 minutos. Así se consigue que la areola quede más blanda y el bebé pueda agarrarse. Es la técnica de presión inversa suavizante. Al conseguir que el bebé se agarre podrá mamar y drenar el pecho.
  • Pezones dolorosos y grietas en el pezón. Aparecen como consecuencia de un mal agarre del bebé, ya sea por mala técnica, una mala posición o porque el bebé presente frenillo sublingual corto. Primero de todo deberemos revisar cuál es la causa para poder solucionarla. Para ayudar a calmar y curar las grietas del pezón es muy recomendable la crema de lanolina, que además no requiere que se elimine en las tomas. En el caso que exista frenillo sublingual corto, el o la pediatra valorará cómo proceder.
  • Mastitis o Infección mamaria. Cuando los conductos mamarios se obstruyen por la presencia de bacterias que se adhieren a ellos junto con moléculas de calcio, hablamos de infección mamaria. Se produce un bulto duro y doloroso en la mama y suele generar febrícula. Lo primero de todo que debemos tener claro es que la mastitis no es incompatible con dar el pecho así que no debemos interrumpir la lactancia materna. Más bien todo lo contrario: necesitamos drenar el pecho. Deberemos consultar con nuestra madrona y/o médico para que nos indique la necesidad de seguir un tratamiento antibiótico, a la vez que es necesario drenar bien el pecho para evitar que quede acumulada más leche. Y esto debe hacerlo el bebé. Es adecuado buscar una posición con la que la barbilla del bebé quede por encima del bulto, ya que así masajeará la zona ayudando a drenarla. Podemos ayudarnos también drenando más leche con un sacaleches y, realizarnos masajes suaves en la zona con un cepillo de dientes suave o con un cepillo de pelo para bebés.
  • Labio hendido en el recién nacido o fisura labial, es un defecto congénito que consiste en una hendidura o separación del labio superior. Como consecuencia, dentro de la boca del bebé no se produce ni sellado ni vacío, así que el pecho se le escapa y le resulta difícil mamar. Con el acompañamiento de expertos, es posible aprender a sellar con el propio pecho de la madre y así conseguir el efecto de vacío necesario para la succión. También en estos casos podemos plantearnos la extracción de leche con sacaleches para administrarla al bebé mediante sistemas en los que sea más fácil la administración de la leche.
  • Pezones planos o invertidos: estos pezones no imposibilitan la lactancia. Aunque dificultan el agarre del bebé, con un buen acompañamiento por parte de expertos es posible amamantar y realizar una lactancia materna exclusiva. Para ello es importante asesorarse antes del nacimiento del bebé para tener claro cómo proceder. El bebé aprenderá a agarrarse al pecho.

¿Cuáles son los beneficios de la lactancia para el bebé?

Es imposible que las leches artificiales puedan copiar la composición de la leche materna, solamente se pueden equiparar en la composición de macro y micronutrientes y resultando, en todos los casos, excesivas en comparación a la leche materna. Del mismo modo que tampoco es posible que tengan la capacidad de adaptarse nutricionalmente al momento preciso de crecimiento del bebé, así como tampoco a su necesidad concreta de cada toma. Es decir, los bebés deben ser amamantados a demanda  (lactancia a demanda) porque tanto pueden necesitar aporte de energía y nutrientes energéticos, como solo necesitar hidratarse. La leche materna tiene una primera porción en la que es especialmente rica en agua, mientras que en la última porción es más rica en grasa. En función de las necesidades del bebé, se autorregulará haciendo una toma más o menos larga.

Otra de las ventajas de la leche materna respecto a la de fórmula es que la primera contiene anticuerpos, los cuales ayudan a los recién nacidos a protegerse de infecciones y enfermedades. Además, en la leche materna también encontramos factores prebióticos y probióticos que favorecen el crecimiento de bacterias necesarias para una buena flora intestinal, una barrera de defensa del organismo frente a bacterias y virus patógenos.

Cabe destacar también lo cómoda que es ya que no requiere preparación, motivo también por el cual el riesgo de enfermedades de transmisión alimentaria es prácticamente nulo, ya que no hay riesgo de contaminación ni de la leche ni de utensilios como biberones y/o tetinas.

Recuerda que este contenido es informativo y no sustituye una consulta con tu nutricionista.

Preguntas frecuentes

La OMS recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses de vida y su mantenimiento junto con la alimentación complementaria hasta los 2 años o más, según el deseo de la madre y el bebé.

Las necesidades nutricionales de la madre sí cambian a lo largo de este período. Durante los primeros 6 meses de lactancia exclusiva las necesidades energéticas adicionales son de unas 500 kcal/día respecto a las necesidades previas al embarazo.

A partir del inicio de la alimentación complementaria (cuando el bebé empieza a tomar otros alimentos además de la leche) la demanda de leche materna va reduciéndose de forma gradual y las necesidades calóricas extras de la madre también disminuyen, situándose en torno a 400 kcal/día entre los 7 y los 12 meses.

En el segundo año de lactancia, la producción de leche es menor y la mayoría de las necesidades nutricionales de la madre se aproximan a las habituales fuera de la lactancia, aunque el yodo, el DHA y la vitamina D siguen siendo especialmente relevantes.

La pauta nutricional debe ir adaptándose a estos cambios, y el seguimiento periódico con un dietista-nutricionista garantiza que la madre está cubierta en cada fase sin restricciones innecesarias.

Sí, perfectamente, pero con una atención nutricional más específica que en mujeres omnívoras.

La lactancia en dietas vegetarianas y especialmente veganas requiere planificación cuidadosa para garantizar que la leche materna aporta todos los nutrientes que el bebé necesita para su desarrollo.

El nutriente más crítico es la vitamina B12. Las madres veganas y algunas vegetarianas tienen niveles bajos de B12, y un déficit de esta vitamina en la leche materna puede producir consecuencias neurológicas graves e irreversibles en el lactante (daño en el sistema nervioso, retraso del desarrollo) incluso cuando la madre no presenta síntomas visibles.

La suplementación con vitamina B12 es absolutamente imprescindible en madres veganas lactantes, sin excepción. El DHA (ácido graso omega-3 esencial para el desarrollo cerebral del bebé) también puede ser deficitario en dietas vegetarianas y veganas que no incluyen pescado, por lo que se recomienda suplementar con DHA de algas, que es la fuente vegana directa.

El yodo, el hierro, el calcio y la vitamina D son otros nutrientes que requieren atención específica.

Durante décadas se ha culpado a determinados alimentos de la dieta materna (col, brócoli, cebolla, ajo, legumbres, cítricos, lácteos) de causar gases y cólicos en el bebé lactante.

Sin embargo, la mayoría de estudios no han encontrado una relación causal consistente entre el consumo de estos alimentos por parte de la madre y los cólicos del lactante.

Los gases que produce en la madre la digestión de las crucíferas o las legumbres son gases intestinales que no pasan a la leche. Lo que pasa a la leche son compuestos químicos disueltos en sangre, no el gas en sí.

Los cólicos del lactante tienen causas multifactoriales (inmadurez del sistema digestivo, microbiota en desarrollo, sobrecarga de estímulos) que rara vez tienen que ver con la dieta de la madre.

La excepción es la alergia a las proteínas de leche de vaca. En bebés con alergia o intolerancia a estas proteínas, la ingesta materna de lácteos sí puede producir síntomas en el bebé a través de la leche, aunque afecta a un porcentaje pequeño de lactantes.

En estos casos, la exclusión de lácteos de la dieta materna (siempre bajo supervisión profesional para evitar déficits de calcio) puede mejorar los síntomas del bebé de forma significativa.

La lactancia materna aumenta el gasto calórico entre 400 y 500 kcal diarias, lo que en teoría debería facilitar la pérdida de peso postparto. En la práctica, la respuesta varía mucho de una mujer a otra.

Algunas madres pierden el peso del embarazo de forma natural durante los primeros 6 meses de lactancia exclusiva; otras no solo no adelgazan sino que incluso retienen peso, posiblemente por el efecto de la prolactina sobre el apetito (que puede aumentar de forma significativa durante la lactancia) y por los cambios en el perfil de grasa corporal que favorecen la retención de tejido adiposo en caderas y muslos como reserva energética para la leche.

La lactancia puede facilitar la pérdida de peso, pero no la garantiza ni es suficiente por sí sola.

Sí se puede perder peso durante la lactancia de forma segura con la orientación adecuada. Una pérdida gradual de entre 0,5 y 1 kg por semana, con una pauta que garantice el aporte nutricional necesario para la lactancia, es perfectamente compatible con dar el pecho.

Sí, es uno de los momentos en los que el acompañamiento nutricional tiene mayor impacto y menor visibilidad. El embarazo acapara toda la atención, y el postparto (con la lactancia, la recuperación física, la falta de sueño y los cambios emocionales) se suele afrontar sin apoyo profesional cuando más se necesita.

Un dietista-nutricionista especializado en lactancia y postparto puede diseñarte una pauta que cubra las necesidades energéticas y nutricionales específicas de esta etapa, garantice la calidad de la leche materna, te ayude a recuperar el peso del embarazo de forma segura y progresiva sin comprometer la lactancia, corrija los déficits nutricionales frecuentes en el postparto (hierro, vitamina D, yodo, DHA) y se adapte a las realidades del día a día de una madre con un recién nacido como el poco tiempo para cocinar, cansancio, hambre frecuente y necesidad de comer rápido sin que ello implique comer mal.

En Menja sa sabemos que con un bebé en casa el tiempo es un bien escaso, y por eso ofrecemos también la posibilidad de hacer las visitas en formato online (aprovechando los ratos en que el bebé duerme) con el mismo nivel de atención y personalización que en la consulta presencial. Puedes visitarnos en Barcelona, Madrid, Mataró, Girona, Sabadell y Palau-Solità i Plegamans, o hacer tu seguimiento desde casa. Pide una primera visita.

Bibliografía

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https://www.mdpi.com/2072-6643/17/1/62

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marta real

Graduada en Nutrición Humana y Dietética por la Universidad CEU de San Pablo y con Máster oficial en nutrición clínica. Está especializada en nutrición clínica en pacientes con síndrome metabólico y obesidad, patologías digestivas, tratamientos con hemodiálisis así como pacientes que buscan mejorar su nutrición deportiva. Es miembro del Colegio de Dietistas-Nutricionistas con el número MAD01249.

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